Familias y acudientes

Mi hijo salió para el colegio. ¿Pero llegó?

El problema que miles de familias colombianas viven cada día y que nadie habla de él

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Son las 6:30 de la mañana en Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla. Un padre o una madre sale corriendo al trabajo después de dejar listo al hijo, darle para el bus y para el recreo. El niño sale de la casa, mochila al hombro. Y ahí termina la certeza.

¿Llegó al colegio? ¿Entró a clase? ¿O se fue para el parque, las maquinitas, o simplemente a caminar por ahí con amigos?

La respuesta, para la mayoría de familias colombianas, llega tarde. Muy tarde. A veces hasta la entrega de notas, cuando el boletín muestra materias perdidas y una inasistencia acumulada que nadie vio venir.

El ausentismo escolar en Colombia: un problema más grande de lo que parece

Hablar de inasistencia escolar en Colombia no es hablar de casos aislados. Es hablar de un fenómeno sistémico con cifras que incomodan.

El Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, con base en datos de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del DANE, encontró que 3 de cada 10 personas en edad escolar reportaron no asistir a establecimientos educativos entre 2019 y 2021. Muchos de estos estudiantes estaban matriculados en el sistema, aparecían en los registros del SIMAT, pero sencillamente no estaban yendo a clases.

Isabel Segovia, exsecretaria de Educación de Bogotá, reveló en columna publicada en El Tiempo en marzo de 2025 que entre 2023 y 2024 unos 40.000 niños salieron del sistema educativo solo en la capital, con una tasa de deserción del 6.6% para el sector oficial. En entrevista con El Espectador, Segovia también alertó que el 23% de los estudiantes abandonan el colegio cuando llegan a noveno grado, uno de los datos más alarmantes del panorama educativo colombiano reciente.

El Ministerio de Educación Nacional reportó que en 2023, 473.786 menores abandonaron el sistema escolar a nivel nacional, una cifra que supera los 337.104 del año anterior. No todos desertaron de golpe. La mayoría empezó faltando un día, luego dos, luego una semana. Y nadie se enteró a tiempo.

El padre trabajador: la víctima silenciosa del ausentismo urbano

En las ciudades, el ausentismo escolar tiene una cara particular: la del padre o la madre que trabaja jornada completa y confía en que su hijo está en el colegio porque así se lo dijo esa mañana.

La realidad es que el sistema educativo colombiano no tiene, en la mayoría de los casos, ningún mecanismo para avisarle al acudiente si el estudiante no llegó. O si llegó al plantel pero no entró a ninguna clase. O si salió antes de terminar.

Investigaciones publicadas en la revista científica Etic@net de la Universidad de Granada documentan el impacto del ausentismo parental, es decir, padres que por razones laborales y económicas no pueden hacer seguimiento activo de la vida escolar de sus hijos, y su correlación directa con bajo rendimiento académico, desmotivación y abandono escolar. El estudio de la Corporación Universitaria Iberoamericana identificó que la falta de acompañamiento y comunicación entre el hogar y la institución es uno de los factores más consistentes en los casos de deserción.

No es negligencia. Es una realidad económica: en Colombia, millones de hogares dependen de que ambos padres trabajen tiempo completo. No pueden estar llamando al colegio cada hora.

Lo que ocurre cuando nadie avisa

El estudiante sale de casa. El padre trabaja. El estudiante no llega al colegio, o llega y se va antes del primer descanso. El colegio lo registra como ausente en una planilla que nadie revisa ese día. El acudiente no recibe ninguna notificación. El día pasa. La semana pasa. Las faltas se acumulan.

Para cuando el padre se entera, en la entrega de notas, el estudiante ya tiene un porcentaje de inasistencia que compromete su año escolar. Y la pregunta inevitable: ¿Pero por qué no me avisaron?

Según investigaciones del Ministerio de Educación Nacional sobre factores asociados a la deserción, la falta de comunicación oportuna entre la institución y la familia es uno de los elementos más recurrentes en los casos de abandono escolar. No porque los colegios no quieran comunicarse, sino porque no tienen los canales para hacerlo de manera eficiente y en tiempo real.

El caso rural: cuando el riesgo es mayor

En las ciudades, el estudiante que no va al colegio va a las maquinitas. En el campo, la historia puede ser mucho más grave.

En departamentos como Guainía, Arauca, Vichada y Putumayo, las tasas de deserción escolar superan el 6.4%, casi el doble del promedio urbano. En el Cauca y el Chocó, el conflicto armado, el reclutamiento forzado de menores y el desplazamiento agravan el panorama.

En estas zonas, el padre que envía a su hijo al colegio no sabe si el niño llegó. El camino puede tomar horas. Las vías son difíciles. Y los riesgos son reales. La búsqueda activa de estudiantes desescolarizados que implementó la Secretaría de Educación de Bogotá, recorriendo localidad por localidad con más de 100 profesionales, refleja la magnitud del problema: hay niños que simplemente desaparecen del sistema y nadie lo nota hasta meses después.

¿Qué puede hacer la tecnología?

La pregunta no es si la tecnología puede resolver todos estos problemas, porque no puede. La violencia, la pobreza y la falta de infraestructura son problemas estructurales que requieren política pública.

Pero sí hay algo concreto que la tecnología puede hacer ahora mismo: decirle al acudiente, en tiempo real, si su hijo está en el colegio.

Eso es exactamente lo que Nargar hace. Cuando un docente registra la asistencia de su clase, un proceso que toma menos de 2 minutos, el acudiente recibe una notificación inmediata en la app. Sabe si el estudiante está presente, tardó o faltó. En los colegios que instalan un kiosco de registro en la entrada, el acudiente sabe incluso desde qué hora ingresó al plantel.

No hay llamadas. No hay esperar al boletín. No hay enterarse cuando ya es tarde.

El padre que está trabajando en una fábrica en Itagüí puede saber a las 7:15am que su hijo entró a Matemáticas en el Colegio San José. O que no entró.

Esa información cambia el comportamiento del estudiante porque sabe que hay alguien mirando. Y cambia la dinámica familiar porque el padre tiene contexto real para hablar con su hijo esa noche.

El problema no es la falta de interés de los padres

Un error frecuente en el discurso educativo colombiano es asumir que el ausentismo ocurre porque los padres no se interesan. Los estudios citados aquí muestran lo contrario: el ausentismo parental en el seguimiento escolar está correlacionado con demandas laborales, condiciones socioeconómicas y falta de canales de comunicación efectivos, no con indiferencia.

Un padre que trabaja de 6am a 6pm no tiene cómo llamar al colegio en mitad de su turno. Pero sí puede leer una notificación push en 3 segundos mientras desayuna.

La solución no es pedirle más al padre. Es darle mejores herramientas.

Fuentes

  • Laboratorio de Economía de la Educación (LEE), Universidad Javeriana. Encuesta Nacional de Calidad de Vida, DANE 2019-2021
  • Ministerio de Educación Nacional. Cifras de deserción escolar 2023. Sistema SIMAT
  • Isabel Segovia, exsecretaria de Educación de Bogotá. Columna de opinión, El Tiempo, marzo 2025
  • Isabel Segovia. Entrevista, El Espectador, agosto 2024
  • Rodríguez Revelo, N.F. (2024). Ausentismo parental en el rendimiento académico escolar. Corporación Universitaria Iberoamericana. Revista Etic@net, Universidad de Granada
  • Ministerio de Educación Nacional. Factores asociados a la deserción escolar en Colombia
  • Secretaría de Educación del Distrito (SED). Estrategia Búsqueda Activa de Estudiantes, 2024

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